

La caída de las remesas en 2025 no es una crisis financiera, pero sí una señal económica que no debe minimizarse
El dato es relevante no solo por el monto, sino por su impacto territorial. En muchas regiones del país, la remesa es un componente central del consumo cotidiano. Cuando baja el dinero que entra al municipio, baja también el dinero que se queda en él. El comercio rota menos, los servicios se ajustan y el empleo se vuelve más frágil. No por falta de esfuerzo, sino porque el mercado se contrae.
En la práctica, el ajuste se percibe rápido. Se espacian las compras, disminuye el ticket promedio y se posponen gastos no urgentes. Esa prudencia doméstica, necesaria para los hogares, termina reflejándose en una desaceleración comunitaria. El comercio, los servicios y el turismo son los primeros en resentirlo porque operan en contacto directo con el bolsillo de las familias.

La primera caída en más de una década rompe una inercia clave para México. El fenómeno es externo, pero sus consecuencias ya comienzan a sentirse en lo local: menor consumo, presión sobre el empleo y un entorno más vulnerable frente a la economía criminal.
Durante más de una década, las remesas funcionaron como un motor silencioso de la economía mexicana. Constantes, crecientes y resilientes incluso frente a crisis globales, se convirtieron en una de las principales fuentes de divisas del país.
Hoy este ciclo se ha roto ya que de acuerdo con cifras del Banco de México y estimaciones de BBVA Research y S&P Global Market Intelligence, los envíos al país descendieron cerca de 4.6% respecto de 2024, al pasar de alrededor de 64,746 millones de dólares a poco más de 61,791 mil millones de dólares en remesas en 2025.
Se trata del primer retroceso anual tras once años consecutivos de crecimiento.
Más que un ajuste estadístico, el dato marca un cambio de tendencia. Y en economía, los cambios de tendencia rara vez son neutros.
En contraste con la caída nacional, Baja California registró un incremento anual cercano al 22% en recepción de remesas, de acuerdo con estimaciones de BBVA Research. A primera vista, el dato parecería blindar al estado frente al fenómeno, pero habrá que considerar que Baja California no depende estructuralmente de las remesas como otras entidades del sur del país. Su economía está más vinculada a:
• La actividad maquiladora;
• El comercio fronterizo;
• El turismo binacional;
• La dinámica dólar–peso.
Sin embargo, las remesas cumplen una función menos visible pero crítica, ya que son un amortiguador del consumo urbano y de la economía familiar.
En ciudades como Tijuana, Mexicali y Ensenada, ese flujo:
• Complementa ingresos;
• Sostiene rentas;
• Dinamiza pequeños negocios y;
• Permite movilidad social en segmentos vulnerables.
Por ello, incluso una desaceleración nacional puede traducirse en una contracción indirecta del mercado local.
Los factores detrás de la caída de remesas están fuera de México, pero sus efectos no lo están, es decir, el origen del problema puede ser un fenómeno externo con impacto local..
Entre las principales causas destacan:
1. Desaceleración del mercado laboral en Estados Unidos
Particularmente en sectores donde participa la población migrante mexicana.
2. Endurecimiento del entorno migratorio
Mayor vigilancia, controles y temor a deportaciones reducen la disposición a enviar dinero.
3. Menor migración reciente
Menos nuevos trabajadores implican menor crecimiento estructural de remesas.
4. Apreciación del peso
Cada dólar enviado tiene menor poder adquisitivo en México.
5. Riesgos regulatorios emergentes
La discusión sobre posibles impuestos a remesas en EE.UU. introduce incertidumbre adicional.
El impacto inmediato se denota cuando la economía cotidiana se contrae. La caída de remesas no se manifiesta de inmediato en indicadores macroeconómicos. Pero sí se percibe primero en la vida diaria.
• Se espacian las compras;
• Disminuye el ticket promedio;
• Se posponen gastos no esenciales y;
• Se reduce la rotación del comercio.
Este fenómeno genera una cadena económica clara que consiste en: Menos remesas → menor consumo → menor ingreso para negocios → menor empleo → mayor fragilidad social
Los primeros sectores en resentirlo son: el comercio minorista, los servicios personales, el consumo en restaurantes y la ausencia o nulo desplazamiento del turismo local.
Es importante ponderar tres tres posibles riesgos estructurales para el resto de 2026 en Baja California
1. Desaceleración del consumo urbano, ya que el modelo económico regional depende del flujo constante de efectivo.
Una reducción, incluso marginal, puede amplificarse rápidamente.
2. Presión sobre microempresas y el empleo informal, en razón de que miles de negocios operan con márgenes estrechos y dependen indirectamente de remesas, por ello cuando ese flujo se reduce se limita la operación comercial, se procede a recortes de personal y se frena la expanción.
3. El tercer factor y no menos importante es la seguridad como punto de inflexión, pues es donde este fenómeno adquiere una dimensión crítica ya que la contracción económica aumenta la vulnerabilidad empresarial, se incrementa la exposición a la extorsión y se debilita la capacidad de contención o resistencia.
La extorsión o cobro de piso opera como un impuesto ilegal que se vuelve más agresivo cuando la economía formal se debilita, por ello cuando el ingreso lícito cae, la presión ilícita aumenta.
Tres Escenarios probables para el resto del año 2026
Escenario base: ajuste controlado
• Estabilización de remesas
• Desaceleración moderada del consumo
• Impacto contenido en empleo
Escenario intermedio: deterioro progresivo
• Nueva caída de remesas
• Mayor presión sobre comercio
• Incremento en informalidad
• Aumento en delitos patrimoniales
Escenario crítico: ruptura del equilibrio
• Implementación de impuestos a remesas
• Migración hacia canales informales
• Reducción abrupta del flujo formal
• Expansión de economías paralelas
• Deterioro simultáneo de economía y seguridad
Dos variables decisivas: regulación y seguridad
1. Carga administrativa. En contextos de menor liquidez:
• Cada trámite pesa más
• Cada costo regulatorio impacta más
Reducir la carga burocrática se convierte en una política económica clave.
2. Seguridad pública. Sin condiciones mínimas de seguridad:
• No hay inversión
• No hay estabilidad
• No hay crecimiento
Proteger al pequeño negocio deja de ser una agenda social.
Se convierte en una estrategia económica de contención.
La caída de las remesas no es, por sí misma, una crisis. Pero sí es una advertencia de que:
• La economía sigue dependiendo de factores externos;
• Los amortiguadores sociales pueden debilitarse;
• Y los territorios más dinámicos como Baja California, también son vulnerables.
Por ende el desafío para 2026 no será únicamente económico, será institucional porque cuando el flujo externo se reduce, lo que define el rumbo no es el contexto internacional, sino la capacidad local de responder.
Simplificar. Proteger. Estabilizar.
Esa es la diferencia entre una desaceleración manejable
y una crisis que se instala silenciosamente en el tejido social.Nw

