

Sexo, drogas y rock ‘n roll: ¿Qué tienen en común todas estas cosas? Cada una puede afectar al cerebro de la misma manera.
Una nueva investigación sugiere que la música causa placer porque actúa en el sistema opioide del cerebro. Esta vía neuroquímica interviene en la liberación de sustancias que el cerebro produce normalmente, y cuya estructura es similar a la de los opioides como la heroína. Estas sustancias químicas también intervienen en el placer que produce el consumo de alimentos azucarados, y actividades como el sexo y las apuestas.
Para el estudio publicado el 9 de febrero en la revistaScientific Reports, 17 voluntarios escucharon música que disfrutaban en el laboratorio de la Universidad McGill. El primer día, escucharon su música después de tomar naltrexona, un fármaco que se une a los receptores opioides y bloquea la actividad de estas sustancias (también se usa para tratar a las personas adictas a la heroína y el alcohol). El segundo día, escucharon la música de su preferencia después de ingerir un placebo inactivo.
Una investigación previa de Valorie Salimpoor, del Instituto de Investigación Rotman, en Canadá, ha demostrado que el neurotransmisor llamado dopamina interviene en la “recompensa” asociada con la música, explica Josep Marco-Pallarés, neurocientífico de la Universidad de Barcelona. No obstante, agrega Marco-Pallarés, el artículo deScientific Reports es el primero que demuestra, de manera concluyente, que los opioides también intervienen en esa sensación.
Marco-Pallarés dice que los resultados no son inesperados, pues la música siempre se ha considerado altamente placentera, y nuevas investigaciones demuestran que también puede adormecer el dolor. El neurocientífico Daniel Levitin, coautor del estudio de McGill, señala que escuchar música placentera durante o antes de la cirugía puede reducir el malestar de un paciente.
Alexandre Tannous, etnomusicólogo que utiliza una mezcla de sonidos y meditación para que las personas puedan contender con sus dificultades emocionales, agrega que es interesante conocer cuáles son los receptores implicados, aunque quisiera que más investigadores estudiaran los orígenes antiguos, y a veces esotéricos, del uso de la música en la sanación. Este poder ha sido descrito por grandes pensadores como Platón, Sócrates y Pitágoras. “La manera como cura el sonido es increíblemente compleja, [y] de alguna manera recalibra el estado emocional… para hacer que reviva toda la capacidad emocional de la persona”.
Las personas suelen clasificar a la música entre las 10 cosas que más placer les causan, casi siempre por arriba del dinero, la comida o las artes visuales, dice David Zald, profesor de la Universidad Vanderbilt. “En ese sentido, puede considerarse como una ‘adicción saludable’”. Así que “tal vez no sea sorprendente”, agrega, “que los mismos neuroquímicos y receptores que desempeñan un papel en la adicción, desempeñen un papel en el placer musical”.
Los investigadores de McGill hallaron que, cuando los sujetos de estudio tomaban naltrexona, manifestaban que sus canciones favoritas ya no eran placenteras (mas no ocurría este cambio con el placebo). Sin embargo, cuando escuchaban música por la cual no experimentaban emociones fuertes, el fármaco no marcaba una diferencia significativa.
Los participantes dijeron que su música favorita “aún era muy bonita, pero no los conmovía” bajo la influencia del bloqueador de opioides, informó Levitin, quien coescribió el estudio con la investigadora postdoctoral Mona Lisa Chanda y Adiel Mallik, estudiante doctoral. “En condiciones normales, la música les hacía sentirse bien, pero [naltrexona] los dejó sintiendo nada”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

