

Joto, marica, maricón… Ingrid padeció la discriminación apenas comenzó a ir a la escuela. Desde los cinco años tuvo claro que era una niña, pero por elbullying, la religión y el conservadurismo de su familia, se reprimió y vivió en el cuerpo de un niño hasta que a los 14 años confesó a sus padres que era gay.
No lo era. Le gustaban los hombres, sí, pero porque se asumía mujer. Una mujer a la que le gustan los hombres… y la primera mujer transgénero en obtener su título de Licenciatura en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
Luego de que una publicación nacional retomara el post que Movimiento Disidente publicó en su página de Facebook el 5 de junio para celebrar su logro, Ingrid ha recibido comentarios discriminatorios y ofensas a través de las redes sociales.
En entrevista con Newsweek Aguascalientes, esta chica originaria de Nochistlán, Zacatecas cuenta su historia y responde a los que han usado las redes para emitir expresiones transfóbicas.
No en Aguascalientes
Ingrid vivió como hombre casi 20 años. Fue registrada como tal el 15 de junio de 1993, en su natal Zacatecas. Para ser reconocida como mujer, Ingrid Aneth tuvo que tramitar una nueva acta de nacimiento en la Ciudad de México y solicitar que el juez del registro civil de Zacatecas la aceptara. Así evitaría caer en el delito de doble identidad.
“Los obstáculos que tuve que pasar fueron muchos, comenzando por la parte de la falta de información para llevar a cabo el proceso de cambio. Además de esto, lo que se le invierte, la parte económica. Sí es algo caro”, comparte.
El procedimiento jurídico tardó alrededor de un año y corrió con suerte. El juez firmó y selló un documento que autorizaba hacer las anotaciones correspondientes a su acta de nacimiento primigenia y modificar otros como la CURP y su credencial de elector, para reconocer aquellos en los que se reconocía su nueva identidad.
La urgencia de que los trámites corrieran rápido era porque debía modificar su certificado de bachillerato y presentarlo junto con el resto de la documentación para obtener el título de la UAA. La institución fue un oasis en el desierto burocrático que Ingrid enfrentó durante su transición legal.
“Yo me inscribí con mi nombre primigenio. Cuando arreglé lo de mi cambio legal, acudí a control escolar a solicitar el cambio. Fue sencillo, pensé que iba a tener más problemas. Pero no. Me fue bastante fácil; de hecho me lo hicieron de un día para otro”, cuenta.
En la Universidad también paró la discriminación. A diferencia de toda su vida escolar, esta chica describe su vida universitaria como “muy relajada”. No hubo más ‘el gay’, ‘el joto’, ‘el maricón’ y en cambio hizo amigas y amigos. Los maestros, dice, la trataron como a cualquier otra estudiante.
Además, fue en la UAA donde conoció a los miembros del grupo Diversidad Universitaria y a una psicóloga que alguna vez estuvo en sus zapatos y le ayudó a enfrentar la transición con su familia y amigos cercanos.
Un camino de pérdidas y ganancias
Luchar por ser reconocida jurídica y socialmente conforme a su identidad sexogenérica le costó a Ingrid mucho dolor.
Nacida en el seno de una familia muy religiosa y de costumbres conservadoras, en un pueblo donde no se hablan temas de género ni diversidad sexual, cedió ante el acoso y la discriminación hasta que ya no pudo más.
Meses después de cumplir los 20 años, Ingrid comenzó la terapia de reemplazo hormonal y los estudios que se practicó reflejaron que su cuerpo funcionaba más parecido al de una mujer que al de un hombre. Lleva en el proceso físico los últimos tres años y debe continuar la terapia de por vida con chequeos y análisis periódicos que acude a hacerse a Guadalajara para no exponerse a infartos o trombosis.
Por todo eso, Ingrid tiene un mensaje para quienes la atacaron en redes sociales hoy, en cuanto se compartió la noticia de su titulación.
“Yo no elegiría jamás pasar por todo lo que yo he pasado. A mí se me cerraron muchísimas puertas, muchísima familia me dejó de hablar y a la fecha no me hablan por el hecho de yo ser una chica trans y lo digo con orgullo. Soy una chica trans que ha luchado y se ha superado. Es verdad que, por ejemplo, en el ámbito educativo hay personas con discapacidades, con esto, con aquello… Sí, es cierto y no se les reconoce. Pero se me está reconociendo por el avance que hay para la comunidad (…) Tiene que ver con que todos merecemos el mismo trato y el mismo derecho a la educación”, sentencia.
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Acompañada de sus padres, Ingrid recibió su título de Licenciada en Letras Hispánicas . En el futuro cercano tiene en la mira una maestría. Por lo pronto, está buscando trabajo. En el camino ha encontrado que las empresas aceptan conocerla y entrevistarla cara a cara, cosa que agradece, pero sigue en la búsqueda.
– ¿Por qué elegiste el nombre Ingrid?
– Siempre me gustó ese nombre. Es que me parece un nombre muy fuerte. Lo dices así:Ingrid y, como que ¡baaam!


