

La prevención del suicidio no debe limitarse a la atención individual de quienes atraviesan una crisis emocional, sino que requiere del compromiso de las familias, las instituciones y la sociedad. Así lo señaló el Dr. Israel García Esparza, director de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes, quien destacó que el entorno social desempeña un papel fundamental en la salud mental de las personas.
Ante la persistencia de Aguascalientes entre las entidades con mayores índices de suicidio en México, el especialista explicó que esta problemática debe comprenderse desde una perspectiva multifactorial, pues intervienen aspectos psicológicos, familiares, económicos y sociales que pueden incrementar la vulnerabilidad de una persona.
“Hay que entender que el suicidio es una consecuencia de distintos aspectos, de elementos multifactoriales”, explicó el académico, al señalar que las condiciones del entorno pueden dificultar la recuperación emocional, incluso cuando existe acompañamiento terapéutico.
En este sentido, advirtió que atender únicamente los síntomas psicológicos resulta insuficiente cuando una persona continúa expuesta a situaciones de violencia, conflictos familiares o condiciones de vida adversas. Por ello, consideró indispensable desarrollar estrategias que permitan intervenir tanto en los pensamientos individuales como en las circunstancias que generan malestar.
Uno de los principales desafíos para la prevención, explicó el doctor, es la dificultad que muchas personas tienen para expresar lo que sienten. Mientras que durante la infancia las emociones suelen manifestarse abiertamente, conforme crecemos aprendemos a ocultar la tristeza, la frustración y otras experiencias emocionales.
“Las emociones están para compartirlas”, afirmó el especialista, quien subrayó que la comunicación, el acompañamiento y la construcción de redes de apoyo constituyen herramientas fundamentales para enfrentar situaciones de riesgo.
Asimismo, destacó que la atención psicológica ha ganado visibilidad entre las nuevas generaciones, particularmente entre adolescentes y adultos jóvenes, quienes muestran una mayor disposición para acudir a terapia y hablar abiertamente sobre su bienestar emocional.
Sin embargo, reconoció que todavía existen barreras importantes para acceder a estos servicios, especialmente por sus costos y la saturación de los sistemas públicos de atención.
El Dr. García advirtió que la sociedad ha comenzado a normalizar situaciones como el estrés laboral constante, pese a sus posibles repercusiones en el bienestar psicológico. Por ello, insistió en la necesidad de construir entornos más saludables y fortalecer los vínculos humanos.
“También somos responsables, porque vivimos en una sociedad y porque vivimos en un entorno compartido, de la salud mental de los demás”, expresó.
El académico invitó a prestar mayor atención a las personas cercanas, interesarse genuinamente por su bienestar y generar espacios de confianza donde puedan expresar sus preocupaciones sin sentirse juzgadas.

