

La Operación Colibrí ejecutada por la Guardia Negra (SS) y la Gestapo entre el 30 de junio y el 1 de julio de 1934, pasó a la Historia como “la Noche de los Cuchillos Largos”. La brutal purga de sus propios camaradas fue necesaria para consolidar el poder del aclamado Canciller. Tras del episodio, el Líder Máximo esperó la muerte natural del presidente Paul von Hindenburg (agosto 2, 1934). Mientras tejió un pactó con los generales y empresarios para asegurar estabilidad a cambio de eliminar por medios ilegales a los violentos y corruptos, facción radical de su propio partido.
La coyuntura del viernes 21 al domingo 23 de agosto de 2026 marca un hito en la trayectoria del partido hegemónico. Se rompió la unidad y la lealtad en torno al Hombre paradigmático. Se consolidó la fractura por las vetas de la ambición. Retiradas las visas, emitidos los llamados a la prudencia y la unidad, suscritos los deslindes y las declaraciones oportunistas de sumisión al presidente con “A”, cada militante tendrá que ver por su propia suerte. Saben que pueden perder su libertad e incluso su vida por un error de cálculo. Muchos están en situación desesperada. Gerardo Mérida Sánchez, Secretario de Seguridad Pública de Sinaloa (2023-2024), ya transitó ese dilema y optó por pactar a nombre propio y de su gremio durante su proceso judicial en una corte federal de Nueva York por sus vínculos delictivos. Los hermanos Farías intentarán hacer lo mismo aquí y de paso evitar engrosar la lista que integran, entre otros: Magaly Janet Nava Ramos, Fernando Rubén Guerrero Alcántar, Ernesto Cuitláhuac Vázquez Reyna, Adrián Omar del Ángel Zúñiga y Sergio Emanuel Martínez Covarrubias. Suerte con eso…
Aprenderán los Farías, que en México no privan las garantías de debido proceso o presunción de inocencia, que aquí la investigación de los hechos delictivos no es científica, que ser testigo colaborador dejó de garantizar libertad o sobrevivencia. Aprenderán también que todos los caminos conducen a un Poder Judicial «ajolotizado», integrado a medias por leguleyos aficionados y plagiarias que simulan aplicar criterios legales. Los hermanos dependen ahora de la protección institucional que sus mandos quieran otorgarles. Es plausible también que corran la suerte de algunos de sus capitanes ya aludidos.
Por su parte, el efímero re-gobernador de Sinaloa se sabe solo. Está enredado en sus pactos y ahogado en la libertad que le compró la impunidad. Deambula con una diana en la espalda. En espera de ser purgado, su situación recuerda vagamente a la de Ernst Röhm en mayo de 1934.
En el artículo «High-Profile Criminal Violence: WhyDrug Cartels Murder Government Officials and PartyCandidates in Mexico», publicado en British Journal of Political Science en 2021, Guillermo Trejo y Sandra Ley nos recuerdan que los cárteles establecenregímenes de gobierno criminal y conquistanadministraciones locales y poblaciones, pero ello no explica por si solo toda la violencia exhibida. Con evidencia cuantitativa y cualitativa demuestran que los cárteles aprovechan la polarización política para atacarautoridades desprotegidas (Rocha Moya quizá). Las jornadas que median entre agosto de 2026 y julio de 2027 arrojará ejemplos para reforzar esta conclusión. Mapear las fracturas de MORENA es imperativo.
Los carteles son actores políticos relevantes. Trejo y Ley destacan un patrón claro: esas organizaciones intensifican los ataques durante los ciclos electorales precisamente para capturar autoridades entrantes y controlar municipios geográficamente adyacentes en una lógica de control territorial. Deben esperarsemeses de «violencia de alto perfil».
En «Mexico’s Network War, without a Network Strategy», publicado en Irregular Warfare Initiative, Javier Rojas postula una verdad dolorosa «La eliminación de líderes suele conducir a la fragmentación, intensificando la competencia territorial y generando nuevos ciclos de violencia». Agrega «Mientras permanezcan intactas las relaciones que conectan a las organizaciones criminales con las comunidades, las empresas, los actores políticos, las instituciones locales y los actores internacionales, las organizaciones criminales se regenerarán más rápido de lo que el Estado puede desmantelarlas.» Un Gobierno pasmado ante la fractura de su partido lo agrava, máxime cuando no hay diferencia entre militante y servidor público.
Rojas tipifica la coyuntura nacional como «… un caso avanzado de competencia criminal por la gobernanza». Ofrece una solución: «cartografiar el terreno civil en el que operan las organizaciones criminales, a fin de comprender sistemáticamente los entornos sociales, económicos, políticos e informativos que las sostienen». Ello es necesario porque las organizaciones criminales obtienen resiliencia del ecosistema de redes más amplio en el que están insertas, entonces contrarrestarlas requiere algo más que descabezarlas o dispersar las redes adversarias.Además, advierte que se requiere «… fortalecer las redes que pueden reforzar la autoridad y la legitimidad del Estado.» En otro giro, se requiere reinstitucionalizar al gobierno, al menos al federal y sustraerlo del control militar en aduanas, ferrocarriles y de otras dos docenas de funciones.
Para tener el efecto estratégico deseado es imperativa la «Operación Desajolotización». Una suerte de depuración profunda de gobiernos y fuerzas armadas de actores cooptados por el crimen; y al mismo tiempo recuperar las instituciones autónomas, imponer el servicio civil de carrera, rescatar el Poder Judicial, los servicios de salud y educación, así como tejer un pacto nacional con factores reales de poder para superar el pasmo. Ningún político conocido es capaz de ello, carecen de liderazgo y visión estratégica.
Mario Vignettes es Doctor en Derecho Internacional (Cédula 4258715), egresado BITAC–DHS, analista estratégico (EC0329 folio 3728223) y educador.

