

Más allá de los altares, las flores de cempasúchil y las ofrendas, el Día de Muertos es una oportunidad para reflexionar sobre la muerte, la esperanza y la vida eterna. Así lo explicó el Pbro. Alejandro Corcuera Cabezut, capellán mayor de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes, quien destaca que la conmemoración tiene un profundo significado espiritual.
El sacerdote señaló que, desde la perspectiva católica, el origen de la conmemoración de los Fieles Difuntos se encuentra en las Sagradas Escrituras, particularmente en el libro de los Macabeos, donde se relata cómo se ofrecían sacrificios por quienes habían muerto en batalla, fundamentados en la creencia de la resurrección.
Esta práctica continúa vigente mediante las oraciones, misas y sacrificios que los creyentes ofrecen por sus seres queridos fallecidos, con la esperanza de que alcancen la gloria eterna.
Aunque popularmente ambas fechas se engloban dentro del Día de Muertos, el capellán explicó que tienen significados distintos para la Iglesia católica.
El 1 de noviembre se celebra la solemnidad de Todos los Santos, dedicada a quienes, según la fe católica, ya alcanzaron el Cielo, independientemente de que hayan sido canonizados oficialmente.
Por su parte, el 2 de noviembre se conmemora a los Fieles Difuntos, una jornada especialmente dedicada a ofrecer oraciones por quienes han fallecido y se encuentran en proceso de purificación espiritual.
Respecto a las tradicionales ofrendas mexicanas, el Pbro. Alejandro Corcuera explicó que pueden representar una valiosa expresión de memoria familiar, al incluir fotografías, alimentos y objetos que recuerdan a los seres queridos.
No obstante, advirtió sobre la importancia de distinguir entre las costumbres culturales y las creencias religiosas, especialmente cuando se atribuyen a los altares propiedades sobrenaturales que no corresponden a la doctrina católica.
Para el sacerdote, lo fundamental no es abandonar estas tradiciones, sino comprender que, desde la fe cristiana, recordar a los difuntos debe acompañarse de la oración por sus almas.
Uno de los aspectos centrales de esta conmemoración es la manera en que la fe permite afrontar el fallecimiento de un ser querido.
“Aunque hay mucho dolor, sin embargo, no hay desesperación porque no hay una desaparición total”, expresó el capellán, al explicar que la esperanza cristiana se fundamenta en la creencia de que la muerte no representa el final de la existencia.
Finalmente, dirigió un mensaje a los jóvenes, invitándolos a mirar más allá de las preocupaciones inmediatas y reflexionar sobre el sentido trascendente de sus decisiones.
“La vida de este mundo no termina, sino que se transforma”, recordó, destacando que comprender la existencia desde una perspectiva de eternidad permite valorar el presente y orientar la vida hacia un propósito más profundo.

