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Negocios riesgosos

Publicado el 14 de julio, 2017
Negocios riesgosos

La ciudad de Dandong, en la provincia de Liaoning del noreste de China, parece ser una vergonzosa reliquia del pasado económico del país. Fábricas viejas y arruinadas, propiedad del Estado, se asientan en las afueras de un poblado lleno de sombríos edificios de oficinas. No hay nada del brillo y el oropel tan frecuentes en las ciudades mucho más prósperas de China.

Sin embargo, a pesar de ello, Dandong es una de las ciudades más importantes de China debido a que está asentada justo al otro lado de la frontera con Corea del Norte y es la cuerda de salvamento de Pionyang. Alrededor de 85 por ciento del comercio mundial de Corea del Norte se realiza con China, y gran parte de este fluye a través de Dandong. En él se incluye maquinaria, adquirida en contravención de las sanciones impuestas por Estados Unidos y por Naciones Unidas, la cual se requiere para construir armas nucleares, así como los misiles necesarios para lanzarlas. Asimismo, y de manera muy importante, Dandong también es la fuente de la financiación extranjera, proveniente de bancos chinos, que Pionyang necesita para pagar su programa ilícito de armamento.

Dicho programa dio otro paso adelante el 4 de julio, el Día de la Independencia de Estados Unidos, cuando Pionyang probó con éxito un misil capaz de alcanzar Alaska. La más reciente provocación descarada del líder norcoreano Kim Jong Un se produjo después de que el presidente estadounidense Donald Trump señaló que su estrategia para frenar a Corea del Norte, que consistía en lograr que China utilizara su influencia sobre el régimen de Pionyang, había fracasado. “Al menos sabemos que China lo intentó”, tuiteó Trump el 20 de junio.

Sin embargo, Estados Unidos y algunos de sus aliados en el Este de Asia reconocen en privado que no creen que Pekín lo haya intentado lo suficiente. Una reciente revisión de política realizada por la Casa Blanca acerca de la estrategia estadounidense hacia Corea del Norte, realizada la primavera pasada, ha envalentonado a los miembros del gobierno que piensan que Washington y sus aliados tienen la capacidad de aumentar la presión económica sobre Pionyang, pero solo al ir tras las empresas chinas que canalizan dinero y tecnología de doble uso (es decir, equipos que pueden tener un propósito inocente, pero que Corea del Norte también puede utilizar en su programa armamentista) hacia Pionyang.

Hacerlo podría ser más fácil de lo que piensa la mayor parte del mundo exterior, si y solo si Washington está dispuesto a ofender a Pekín. Aunque más de 5,000 empresas chinas hacen negocios con Corea del Norte cada año, el comercio entre ambos países está dominado por tan solo unas cuantas compañías de gran tamaño, algunas de las cuales tienen sus oficinas generales en Dandong. A finales de junio, Estados Unidos pidió a Pekín que persiguiera a diez empresas y personas que, en opinión de Washington, desempeñan una importante función en el comercio entre China y Corea del Norte, en operaciones que incluyen la venta de partes y maquinaria utilizada en el programa armamentista de Pionyang.

CON AMIGOS COMO ESTOS: El Puente de la Amistad que cruza el Río Yalu River y conecta a Corea del Norte con la ciudad china de Dandong es la ruta preferida para el traslado de mercancías y fondos que fluyen entre ambos países y que incluyen algunas de las piezas de maquinaria y tecnología necesarias para construir misiles balísticos. FOTO: JACKY CHEN/REUTERS

¿Por qué Pekín no haría todo lo que pudiera para tomar medidas enérgicas contra sus propias empresas que realizan una función tan importante para la economía norcoreana? Analistas de inteligencia de Estados Unidos y de países aliados están divididos en cuanto a la respuesta. Algunos de ellos piensan que los directores de los grandes conglomerados que hacen negocios con Pionyang, que es un aliado de China desde hace mucho tiempo, tienen contactos políticos en Pekín. Con la realización del congreso quinquenal del Partido Comunista a realizarse el próximo otoño, el presidente chino Xi Jinping y sus aliados políticos no desean enemistarse con empresarios poderosos, muchos de los cuales ya están furiosos por el impulso anticorrupción de China. Otros analistas piensan simplemente que una Corea del Norte con armas nucleares significa que en la península permanecerá dividida permanentemente, en lugar de unificarse bajo el gobierno de Seúl, y que Pekín quedará eternamente complacido por ese acuerdo debido a que no desea que ninguna parte de una Corea unida se alíe con Estados Unidos en su frontera.

Estados Unidos le indicó a Pekín que si China no ha logrado ningún avance para finales del verano para sancionar a las “10 empresas Chi-NoCo”, en palabras de un funcionario estadounidense, entonces Estados Unidos lo haría de manera unilateral. Y el 30 de junio, el gobierno de Trump mostró que hablaba en serio: anunció sanciones contra el Banco de Dandong, acusándolo de facilitar la financiación para el programa de armamento de Corea del Norte. El 5 de julio, Nikki Haley, la embajadora de Trump ante Naciones Unidas, lanzó un mensaje directo a Pekín: “Vigilaremos a cualquier país que decida hacer negocios con este régimen que opera fuera de la ley”. Ese mismo día, el comandante de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur, el general Vincent Brooks, dijo que Estados Unidos y su aliado estaban listos para ir a la guerra en caso de ser necesario, para evitar la proliferación nuclear en Corea del Norte. “El autocontrol, que siempre es una opción, es lo único que separa al armisticio de la guerra”, dijo Brooks.

El cambio en la política del gobierno hacia Corea del Norte es muy notable. Después de la reunión cumbre de Trump con Xi en Mar-a-Lago realizada en abril pasado, la actitud del gobierno hacia China pareció volverse inesperadamente cálida. Durante su campaña, Trump atacó sin misericordia a China, calificándola como un depredador comercial y diciendo que era un actor militar negativo en el mar del sur de China. Estados Unidos parecía prepararse para una guerra fría en toda regla con Pekín. Todo esto cambió después de Mar-a-Lago. Tras reunirse con Xi, Trump dijo que entendía que existía una larga y complicada historia entre ambos países. Pareció aceptar implícitamente la premisa de Pekín de que obligar a Pionyang a comportarse era más difícil de lo que el mundo exterior pensaba. Y dio una prórroga a Pekín para enfrentar a su indisciplinado aliado.

La ironía es que, tras bambalinas, en un trabajo realizado por organismos de inteligencia y empresas privadas para investigar el comercio de Corea del Norte con Pekín, los analistas están cada vez más convencidos de que Xi engañó a Trump, y de que China, en realidad, sí tiene los medios para frenar a Kim si lo desea. Con el paso del tiempo, Pekín ha presentado a las empresas que hacen negocios con Corea del Norte como compañías deshonestas, pequeños comerciantes privados que trabajan duro para mantenerse en las sombras, por lo que eran difíciles de controlar. Sin embargo, en un informe reciente muy detallado, realizado por C4ADS, una empresa de investigación con sede en Washington, D.C., que frecuentemente consulta con Estados Unidos en temas de seguridad, se da la razón a las personas dentro del gobierno que están a favor de una línea más dura con Pekín. En el informe se afirma que el sistema de financiación y suministro de Pionyang para su programa de armas de destrucción masiva es “centralizado, limitado y vulnerable, por lo que puede ser fácilmente interrumpido”.

UN VISTAZO BAJO LA CORTINA: Una fábrica norcoreana en el río Yalu, frente a Dandong, donde todos los días cientos de turistas abordan pequeños botes para hacer recorridos y dar un vistazo al mundo secreto gobernado por Kim. FOTO: JOHANNES EISELE/AFP/GETTY

Analistas de la CIA y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos han estado discutiendo esto durante años. Señalan que las sanciones impuestas en 2005 contra el Banco Delta Asia (BDA), una institución financiera única con sede en Macao, enfureció a Pionyang debido a que dicho banco era un eje para el lavado de fondos norcoreanos. También se creía que alojaba parte del dinero de los funcionarios de alto rango del gobierno. Más de 25 millones de dólares en fondos fueron congelados, y todos los bancos internacionales que hacen negocios con el BDA perdieron su acceso al sistema financiero de Estados Unidos. Las sanciones contra el BDA fueron “el esfuerzo dirigido más eficaz que hemos tenido”, señala Stuart Levey, exfuncionario del Tesoro. Dos años después, Pionyang exige el retiro de las sanciones contra el BDA como precio para volver a la mesa de negociaciones nucleares en las denominadas conversaciones hexapartitas, en las que también participaron China, Rusia, Japón y Corea del Sur. El gobierno de Bush transigió y las conversaciones no llegaron a ninguna parte.

Ahora, diez años después, Corea del Norte está más cerca que nunca de lanzar un misil nuclear contra Estados Unidos. Los más optimistas dicen que eso podría ocurrir, en el mejor de los casos, dentro de tres años. Los pesimistas hablan de 18 meses. En ese punto, Estados Unidos y sus aliados enfrentarán una decisión de gran importancia: tratar a Kim como un actor nuclear racional, que puede ser disuadido mediante la destrucción mutua asegurada, o suponer lo contrario, que es “impredecible” (una descripción utilizada ampliamente en los medios de comunicación estadounidenses, aunque no es apoyada universalmente por los encargados de la política de Estados Unidos) y pensar en la prevención y en la desastrosa guerra que podría comenzar. Dado lo anterior, no es de sorprender que el equipo de Trump esté dispuesto a arriesgarse a sufrir la ira de Pekín y emprender severas acciones contra las compañías chinas que favorecen a Corea del Norte. Como dice un miembro del personal de la Casa Blanca que participó en las deliberaciones sobre Corea del Norte: “¿Qué otra opción real tenemos?”

FRONTERAS: China es uno de los pocos mercados para los productos norcoreanos, y 70 por ciento de las mercancías exportadas por Corea del Norte pasan a través de Dandong. FOTO: NICOLAS ASFOURI/AFP/GETTY

LA OPCIÓN NUCLEAR

El gobierno de Trump aún no ha identificado públicamente a las 10 compañías clave contra las cuales presiona a Pekín a actuar, fuera del recientemente sancionado Banco de Dandong. Sin embargo, distintos funcionarios afirman que hay un precedente para lo que pretenden hacer. Washington piensa que existe un puñado de las llamadas empresas puerta en China que facilitan el comercio y la financiación para Corea del Norte en el extranjero. El otoño pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos (y el Departamento del Tesoro impuso sanciones) contra una de esas empresas, Dandong Hongxiang Industrial Development Co. (DHID), y su subsidiaria, el Grupo Liaoning Hongxiang. “Es importante comprender”, se afirma en el reciente informe de C4ADS, “la función característica que [las dos empresas] desempeñaron en el sistema general del comercio entre China y Corea del Norte”. De acuerdo con documentos divulgados por el Departamento de Justicia, DHID se describía a sí misma como “una empresa que realiza operaciones de importación exportación entre China y Corea del Norte”. La empresa y sus compañías afiliadas fueron capaces de cumplir pedidos de suministros para organizaciones gubernamentales norcoreanas y de adquirir cientos de millones de dólares de mercancías norcoreanas que la empresa distribuía a través de canales de distribución locales de China. Estos fondos, en opinión de Estados Unidos, se utilizaron, a su vez, para financiar la compra de componentes clave de doble uso para el programa nuclear y de misiles de Kim.

Además de ser una empresa comercial a gran escala en la frontera con Corea del Norte, DHID también desempeñó una función probablemente mucho más valiosa para ese país: sirvió como fachada para la institución financiera norcoreana sancionada Korea Kwangson Banking Corp. (KKBC) para acceder al sistema financiero mundial. Desde 2009, a KKBC se le ha prohibido acceder al sistema financiero internacional debido a su supuesta función en la financiación de algunos de los personajes norcoreanos más famosos que están a favor de la proliferación de armas. KKBC es un banco clave de Corea del Norte. Si no tiene acceso al sistema financiero internacional, Pionyang tampoco puede pagar a distintos proveedores extranjeros de partes, maquinaria y equipo para su programa de armas. (Dichos proveedores desean recibir dólares, no el won norcoreano). Una vez que KKBC fue expulsado, DHID hizo su aparición. El Departamento de Justicia señala que “DHID Entities sirvió como un intermediario financiero para realizar transacciones en dólares estadounidenses entre [empresas] con sede en Corea del Norte, que fueron financiadas por KKBC y proveedores de otros países para evadir las restricciones impuestas a las transacciones en dólares estadounidenses”. En dos períodos separados, el Departamento de Justicia afirmó que DHID realizó acuerdos con un valor de más de 11 millones de dólares a nombre de KKBC.

Para lograrlo, DHID estableció empresas fachada y estructuras en todo el mundo para tratar de borrar sus huellas: en total, 43 empresas en seis países de cuatro continentes. El Departamento de Justicia establece además que DHID utilizó al menos 22 empresas para mover cerca de 75 millones de dólares a través del sistema financiero de Estados Unidos. Como señala C4ADS, “Lejos de estar aislada”, (según la idea convencional acerca de Corea del Norte), “el alcance de la red permitió que las entidades norcoreanas sancionadas realizaran transacciones financieras que aparentaban, ante los bancos correspondientes en Estados Unidos y Europa, provenir de empresas con sede en las Islas Vírgenes Británicas, las Seychelles, Inglaterra, Gales y Hong Kong”.

LAS PENURIAS DE PIONYANG: Mientras que los norcoreanos ovacionan el lanzamiento de otro misil, Trump y Xi enfrentan difíciles decisiones sobre presionar a Kim juntos o de manera unilateral. FOTO: KCNA/REUTERS

Funcionarios del gobierno de Trump piensan que una acción internacional dirigida contra entidades como DHID golpeará en donde el sistema extranjero de financiación de Corea del Norte es más vulnerable: en “cuellos de botella” clave, donde convergen actividades lícitas e ilícitas. Su pregunta más apremiante es: ¿Por qué el gobierno de Obama no persiguió a otras empresas chinas facilitadoras, más allá de DHID? Es probable que esa pregunta pueda ser respondida con otra: ¿Qué tan dispuesto estaba (y está) Estados Unidos de enfurecer a Pekín?

Un caso aislado contra una gran sociedad de cartera con sede en Dandong como DHID es una cosa. Aparentemente, Pekín no protestó demasiado cuando el Departamento del Tesoro impuso sus sanciones, quizás creyendo que necesitaba mostrar al menos cierta disposición para presionar a Pionyang, aún a expensas de una de las propias empresas de China. Sin embargo, varios de los nominados por Trump en la comunidad de seguridad nacional se muestran cada vez más sarcásticos con respecto a los esfuerzos del gobierno de Obama y de Pekín para controlar las armas nucleares de Kim. “Es verdad que mientras Corea del Norte siguió avanzando [hacia la construcción de un misil balístico intercontinental capaz de transportar una cabeza nuclear], Estados Unidos y Naciones Unidas reforzaron sus sanciones”, afirma un funcionario del gobierno de Trump. “Sin embargo, dichas sanciones tenían una gran desventaja: no eran muy aplicables a China, al menos, no lo eran cuando ese país deseaba pasarlas por alto”. Otro funcionario del gobierno de Trump señala que el equipo de Obama estaba centrado en el cambio climático, y no en Corea del Norte, como el tema clave en las relaciones bilaterales con Pekín. “En ningún momento el régimen de sanciones contra Corea del Norte fue tan efectivo como lo fueron las sanciones contra Irán antes de que acudieran a [la mesa de negociaciones sobre armas nucleares]”, señala un funcionario de alto nivel del gobierno de Trump, “y eso se debió casi completamente a China”.

PRÓXIMAS ATRACCIONES: Kim ha aumentado constantemente el alcance de sus misiles nucleares. Los optimistas dicen que podrá lanzar una cabeza nuclear a Estados Unidos en tres años; los pesimistas hablan de 18 meses. FOTO: KCNA/REUTERS

Ahora, Trump promete que la ecuación va a cambiar. Su gobierno ha calculado que, si Pekín demuestra ser poco serio para la fecha límite al final del verano, la cual fue establecida por Washington para emprender acciones, Estados Unidos irá por su cuenta tras los socios chinos de Corea del Norte, eliminando, de ser necesario, su acceso al sistema financiero de Estados Unidos.

Evidentemente, esto no dejaría muy satisfecha a Pekín; qué tan insatisfecha estará es la pregunta fundamental (y, por el momento, insoluble). Una China cada vez más poderosa tienen muchas formas de dañar a Estados Unidos, entre ellas, castigar a las empresas estadounidenses que venden en la segunda economía más grande del mundo, así como utilizar la presión económica contra los aliados clave de Estados Unidos en la región: Corea del Sur y Japón. Sin embargo, Washington ha decidido que presionar a las empresas chinas es, esencialmente, la única opción que le queda, además de la guerra, en la Península de Corea. Nadie desea esto último, ni siquiera Pekín. Lo “intentó” una vez, tuiteó Trump; ahora, le está dando a China una última oportunidad. Las tensiones en el Este de Asia son las más altas desde el fin de la Guerra de Corea. Debemos prepararnos para que empeoren.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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