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El hombre más cercano a Donald Trump

Publicado el 24 de junio, 2016
El hombre más cercano a Donald Trump

Junio marca el comienzo del verano, pero no ha sido una vacación para Donald Trump. El presunto candidato republicano ha visto sus cifras negativas en las encuestas elevarse más altas que uno de sus rascacielos: 70 por ciento de los estadounidenses tiene una pésima opinión del magnate, según la encuesta de ABC News/Washington Post que apareció a mediados de junio. Trump necesita generar entusiasmo entre los republicanos, en especial los funcionarios elegidos en los que tendrá que apoyarse como suplentes y aliados al llegar el otoño.

Él trata de enmendar el curso. El 20 de junio, el magnate terminó su relación con su director de campaña, Corey Lewandowski. El agente poco conocido de Nueva Hampshire, tristemente célebre internamente por su temperamento y enemistarse con otros oficiales de Trump, probablemente el público lo reconociera más por su altercado con una joven reportera que llevó a cargos por violencia que luego se retiraron. Después de que se anunció la salida de Lewandowski con frialdad —se dijo que él “ya no trabajaba” para la campaña—, un asesor de Trump tuiteó: “Ding dong, la bruja murió”. Es poco probable que la salida de Lewandowski le ponga fin al alejamiento de Trump con los líderes republicanos. Después de la masacre de Orlando, Florida, un Trump exasperado dijo a los líderes republicanos que “guardaran silencio” y que él podía ganar “solo”.

El senador que se ha mantenido más cercano a Trump es Jeff Sessions, el primero en la cámara en apoyarlo. Él ofreció sólo una reprimenda sutil por las críticas de Trump al juez mexicano-estadounidense que supervisa una de las demandas contra la Universidad Trump. “Bueno, habría sido agradable si eso… no se hubiera dicho, seguro”, dijo Sessions a NBC News. Ese fue el tamaño de su crítica y de eso se trataba: mantenerse cercano a Trump y ayudarlo a apagar el fuego.

El abogado de Alabama y el magnate de Manhattan son una pareja extraña. Sessions es tan cortés como Trump es descarado; tan sureño como Trump es neoyorquino. Su nombre completo no podía sonar más Dixie: Jefferson Beauregard Sessions III. Y él es tan maritalmente estable —47 años con su esposa, Mary— como Trump ha sido itinerante. Lo que juntó a los dos hombres fueron sus opiniones sobre la inmigración. Sessions ha luchado en contra de cualquier camino a la ciudadanía para quienes están ilegalmente en Estados Unidos, y quiere restringir la inmigración legal, igual que el Trump constructor de muros. Sessions sabe que argumentar económicamente contra la inmigración va a ser mucho más útil que mezclar los problemas inmigratorios con la etnicidad de un juez.

¿Esto significa que Sessions podría ser el compañero de planilla de la estrella de los reality shows? Es poco probable que Trump, de 70 años, palmee al canoso Sessions de 69 años. Esa sería la planilla más vieja en la historia de Estados Unidos. Además, Sessions no es un orador de primera clase y carece de los instintos de perro de ataque que la mayoría de los candidatos buscan en un vicepresidente. Sessions es valioso para Trump en cuanto a que, podría decirse, es lo más cercano a un sabio que tiene el desarrollador ferozmente irascible e independiente.

ASOCIADOS: Sus amigos dicen que el simpático Sessions no podría ser más diferente en su personalidad y vida personal al multimillonario bombástico a quien apoya a la presidencia. Foto: Mark Wallheiser/Getty.

EL JET PRIVADO FAVORITO DEL TRABAJADOR

En agosto pasado, la campaña de Trump tenía dos meses de iniciada, y la expertocracia menospreciaba la apuesta presidencial del neoyorquino como el encaprichamiento veraniego de unos votantes decepcionados, uno que terminaría en septiembre, cuando los republicanos se espabilaron de su humor taciturno y abrazaron a un político formal y establecido como Jeb Bush. Pero un evento de ese mes empezó a sacudir el consenso de que la campaña de Trump era una mera bola de sebo. Fue un mitin en Mobile, Alabama, donde un aproximado de 30 000 partidarios abarrotó el estadio Ladd-Peebles. Con excepción del Mardi Gras, “fue uno de los eventos más grandiosos que Mobile haya montado”, dijo el alcalde adjunto de la ciudad. Mientras la multitud esperaba a su candidato, los altavoces hacían que el gentío mirara hacia arriba al Trump Force One circunvolando el estadio. El lugar estalló.

Cuando Trump subió al escenario poco después, la multitud estaba sorprendida de ver a Sessions en la tarima. De nuevo vitorearon con fuerza. Sessions es popular en Alabama, incluso se postuló sin oposición en 2014 para su tercer periodo en el Senado. Cuando Trump aludió brevemente a los bebés anclas —el término peyorativo para los niños paridos en Estados Unidos sólo para obtener la ciudadanía—, la multitud aulló. El espectáculo mostró que Trump tenía una base y un bate poderoso que blandir.

En Alabama, la postura trumpesca de Sessions con respecto a la inmigración es popular entre los votantes de las bases, aun cuando los negocios dependientes del trabajo no calificado (como la agricultura) o los inmigrantes con mayor educación (la industria aeroespacial alrededor del Centro Marshall de Vuelo Espacial de la NASA en Huntsville) han sido decepcionados por él. Bueno para atraer dinero hacia Alabama, él es capaz de resistir los golpes en este asunto. Eso puede explicarse en parte por el hecho de que aun cuando su postura inmigratoria no es muy diferente de la de Trump, su tono no es tan beligerante, ni remotamente tan repelente. Sessions es menos propenso a retratar a los inmigrantes como una amenaza cultural y más a enfatizar la economía. Un excedente de fuerza laboral inmigrante está “sangrando los salarios” de los estadounidenses”, dice, ya sean blancos, negros o hispanos.

Es un argumento que él mencionaba mucho antes de que Trump pidiera ese muro gratuito. En 2013, Sessions fue el opositor más franco en el Senado contra el bipartidista proyecto de ley inmigratorio que era favorecido por personas como Marco Rubio, senador por Florida, y aplaudido por la administración de Obama. Les habría dado a quienes estaban ilegalmente en el país un camino al estatus legal, y Sessions, el miembro de más alto rango en el subcomité con jurisdicción sobre el asunto, atacó a las que él decía que eran élites a favor del trabajo barato. “No fuimos elegidos para clamar a gritos los afectos de los expertos de Washington y los directores ejecutivos de moda”, dijo a sus compañeros republicanos. El proyecto de ley inmigratoria pasó por el Senado, pero murió en la Cámara de Representantes.

El debate ayudó a fortalecer los lazos entre el pomposo Trump y el por lo general callado y simpático alabameño. Los dos se conocieron en 2005 después de que Trump fue citado arremetiendo contra el alto costo de renovar las oficinas centrales de las Naciones Unidas en Nueva York (naturalmente, Trump dijo que podía hacerlo más barato). Los dos se mantuvieron en contacto, y cuando Trump inició su apuesta presidencial hace un año, empezaron a hablar a menudo. En febrero, seis meses después de ese gran mitin en Mobile (el cual ayudó a que Trump entrara al montón de primarias sureñas), Sessions se convirtió en el primer senador en apoyarlo y uno de los pocos que no ha vacilado en meses recientes.

El apoyo de Sessions no es sólo superficial: sus aliados asesoran la campaña, y uno de los principales miembros de su personal, Stephen Miller, es uno de los principales asesores en política de Trump y quien también sirve como acto de soporte en algunos mítines de Trump, poniendo a la gente en el apropiado humor furioso mediante recitar estadísticas deprimentes sobre la situación de la producción fabril en su comunidad local. “Siento un respeto tremendo por el senador Sessions. Él es una persona genial, un gran líder, y estoy muy agradecido por su apoyo”, dijo Trump a Newsweek vía correo electrónico.

LA LUCHA POR LOS BLANCOS SIN UNIVERSIDAD

Probablemente, nadie que vea la historia de cómo Sessions salió del Alabama rural habría adivinado que terminaría siendo el político más cercano al magnate de Manhattan. “En otra vida no le habría importado Donald Trump, pero lo está disfrutando en este momento porque él y Trump concuerdan tan fuertemente” en la inmigración, dice un viejo amigo de Sessions, quien pensó que el senador objetaría que hablara con los reporteros. También hizo notar que los antecedentes del abogado de voz suave son muy diferentes de los de Trump. Sessions era el hijo de un tendero en el Alabama rural, asistió a una pequeña universidad metodista y estaba asentado en una carrera como fiscal federal cuando Ronald Reagan lo eligió como su procurador federal para el sur de Alabama en 1981. Cinco años después, el Gipper seleccionó a Sessions como juez federal de una corte distrital, pero las controversias —desde supuestos desprecios raciales a sus subordinados hasta su acusación contra trabajadores de los derechos civiles bajo cargos de fraude electoral— convirtieron una designación judicial de rutina en una lucha en las cámaras. Encabezado por Joe Biden, por entonces el demócrata de más alto rango en el Comité Judicial del Senado, el panel votó en contra de la confirmación de Sessions. Dos senadores republicanos se unieron a los demócratas en la votación en su contra, aunque uno de ellos, Arlen Specter, de Pensilvania, luego dijo que se arrepentía de ese voto.

Irónicamente, Sessions llegó a convertirse en colega de algunas de las personas quienes bloquearon su designación judicial. Ganó la elección como procurador general de Alabama, y en 1996, una década después de que su nombramiento fue cortado de tajo, ganó el escaño en el Senado de Estados Unidos que dejó vacante el demócrata retirado Howell Heflin, quien luchó para que él no fuera juez.

Ahora los republicanos, cada vez más nerviosos en el Capitolio, esperan que Sessions ayude a Trump a corregir su campaña, aun cuando saben que Trump no tiene un Rasputín y valora la opinión de muy pocos, su hija Ivanka entre ellos. Esa encuesta más reciente de ABC News/Washington Post fue una noticia ominosa sobre el apoyo a Trump entre los votantes blancos de clase obrera, la columna vertebral de su apoyo en las primarias republicanas y un bloque esencial si espera ser competitivo este otoño. La encuesta halló que el índice favorable de Trump entre los blancos sin universidad ha pasado de un más 14 en mayo a un negativo menos 7.

Aun así, ese es un grupo que Sessions sabe cómo tratar. Podría horrorizar a los liberales que Sessions, calificado como el quinto miembro más conservador del Senado, podría ayudar a Trump a salir de este hoyo al ayudarle a pulir su jeremiada sobre la inmigración. Pero es difícil hallar alguien más que esté dispuesto o sea capaz de hacer lo que se necesita para hacer de Trump, si no grandioso, por lo menos viable de nuevo.

Publicado en cooperación con Newsweek /Published in cooperation with Newsweek

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