

Durante
una excavación de la escuela británica de arqueología en Giza, en 1907 se
encontró un el sarcófago de madera de cedro, de 44 centímetros. Los
investigadores pensaron que en su interior se encontraban los órganos de una
persona adulta, retirados durante el embalsamiento; sin embargo, más de 100
años después, se ha descubierto que se trata de la momia de un feto de 18
semanas de gestación.
De
acuerdo con Julie Dawson, jefa de conservación del Museo Fitzwilliam de
Cambridge, donde se encuentra el sarcófago, los resulados obtenidos tras un
estudio de rayos X y de tomografía computarizada porporcionan pruebas evidentes
de la importancia del enterramiento en el Egipto de los faraones.
“El
uso de tecnología no invasiva para investigar este extraordinario hallazgo
arqueológico nos ha proporcionado pruebas evidentes de cómo un niño no nato
pudo ser visto en la sociedad del Antiguo Egipto. El cuidado en la preparación
de esta sepultura demuestra claramente el valor atribuido a la vida, incluso en
las primeras semanas de su gestación”, señaló.
No
se ha podido determinar el sexo del feto, pero fue enterrado con los brazos
cruzados sobre su pecho, como los adultos, y se suma a los dos fetos que se
encontraron en ataudes individuales en el enterramiento de Tutankamón, en el
Valle de los Reyes.

