

Hay datos que parecen contradictorios, pero en realidad describen con precisión el momento que vive México.
La más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), correspondiente a junio de 2026, muestra que la percepción de inseguridad disminuyó de 63.2% hace un año a 59.8%, mientras algunos delitos y conductas delictivas también registran reducciones. Los robos observados en el entorno disminuyeron, al igual que la extorsión, el robo parcial de vehículo y el pandillerismo. Sin embargo, casi seis de cada diez mexicanos siguen sintiéndose inseguros en la ciudad donde viven y 57.1% considera que la situación permanecerá igual de mal o incluso empeorará.
No es una contradicción.
Es la diferencia entre mejorar los indicadores y recuperar la confianza.
Francis Fukuyama sostiene que la confianza constituye el capital invisible que hace posible la prosperidad de una sociedad. Sin ella aumentan los costos económicos, disminuye la inversión y se debilita la cooperación entre ciudadanos e instituciones. La ENSU confirma precisamente ese desafío: aunque algunos indicadores evolucionan favorablemente, millones de personas siguen modificando su vida cotidiana por miedo al delito.
El 42% dejó de portar objetos de valor, 38.2% ya no permite que los menores salgan solos y 35.9% evita caminar de noche. Aunque estas cifras muestran una ligera mejoría respecto al año anterior, continúan reflejando que el miedo sigue condicionando las decisiones de millones de familias mexicanas.
Robert Putnam explicaba que el desarrollo no depende únicamente del crecimiento económico, sino también del capital social: la capacidad de una comunidad para confiar, colaborar y resolver problemas colectivos.
Y precisamente ahí aparece uno de los mensajes más relevantes de esta encuesta.
Mientras algunos delitos disminuyen, los conflictos entre personas aumentaron de 38.2% a 40.2% en apenas un trimestre, principalmente entre vecinos y con personas desconocidas, derivados del ruido, la basura y otros problemas de convivencia. La inseguridad no solamente se expresa en el delito; también deteriora la cohesión social y rompe los vínculos cotidianos que sostienen una comunidad.
La evidencia también recuerda una realidad frecuentemente olvidada: la seguridad comienza mucho antes de una patrulla.
Comienza en el espacio público.
No es casualidad que los principales problemas señalados por los ciudadanos sean los baches (83.4%), las fallas en el suministro de agua (65.4%), las coladeras tapadas (60.4%), los embotellamientos (59.4%), los hospitales saturados (58.4%), el alumbrado insuficiente (57.3%) y posteriormente la delincuencia. Una ciudad ordenada transmite confianza; una ciudad deteriorada alimenta la percepción de abandono y vulnerabilidad.
Desde la perspectiva de quienes todos los días levantan la cortina de un negocio familiar, estos resultados tienen una lectura adicional.
La seguridad es también una política económica.
No basta con reducir algunos delitos; es indispensable fortalecer el Estado de derecho, combatir la corrupción y mejorar la capacidad de respuesta de los gobiernos locales. La ENSU revela que 45.6% de quienes tuvieron contacto con alguna autoridad de seguridad reportó haber experimentado un acto de corrupción, mientras que apenas 30.8% considera efectivo a su gobierno municipal para resolver los principales problemas urbanos. Estos datos explican por qué la confianza tarda mucho más en recuperarse que las estadísticas.
También existe otro dato revelador.
Las instituciones que generan mayor confianza son la Marina (84.4%), el Ejército (82.1%), la Fuerza Aérea (81.0%) y la Guardia Nacional (72.8%), mientras que las policías estatales y municipales permanecen considerablemente por debajo de esos niveles. Esto confirma que el gran reto sigue siendo fortalecer las capacidades institucionales en el ámbito local, donde ocurre la vida cotidiana de las personas y donde se desarrolla la actividad económica.
Pero sería un error pensar que toda la responsabilidad recae únicamente en el gobierno.
La seguridad no se construye exclusivamente con más policías o con reformas legales. También se construye desde la ciudadanía, desde las empresas, desde las universidades, desde las organizaciones sociales y desde los gobiernos locales. La confianza requiere corresponsabilidad.
Por ello, desde CONCANACO SERVYTUR decidimos pasar del diagnóstico a la acción impulsando la Ruta del Pacto por la Prosperidad, la Justicia Económica y la Seguridad, una iniciativa que parte de una convicción sencilla: la prosperidad solo puede consolidarse donde existe seguridad, y la seguridad solo puede sostenerse cuando existe corresponsabilidad.
El punto de partida es reconocer que la inseguridad también tiene un enorme costo económico.
Diversos estudios estiman que la extorsión genera pérdidas de entre 105 mil y 350 mil millones de pesos anuales, mientras que la sobrerregulación y la excesiva carga administrativa representan un costo de entre 544 mil y 907 mil millones de pesos. En conjunto, ambos fenómenos pueden equivaler hasta al 3.5% del Producto Interno Bruto, recursos que podrían destinarse a inversión, innovación, empleo y bienestar.
Frente a este desafío decidimos actuar desde donde realmente se construye el país: el territorio.
CONCANACO SERVYTUR cuenta con la mayor representación territorial del sector empresarial mexicano. Esa presencia nos permite reunir en una misma mesa a gobiernos municipales y estatales, autoridades de seguridad, fiscalías, universidades, organizaciones de la sociedad civil y empresarios para construir soluciones específicas para cada comunidad.
Por ello, la Ruta del Pacto no consiste en firmar un documento.
Es una estrategia permanente de coordinación.
Ya se ha desarrollado en Tijuana, León, La Paz, Morelia, Pachuca, Mérida, Champotón, San Juan del Río, Ciudad Valles y Tampico, donde se impulsan compromisos para prevenir la extorsión, fortalecer la denuncia, promover la justicia económica, simplificar trámites, recuperar espacios públicos y generar mecanismos permanentes de coordinación entre instituciones y sociedad.
Porque la confianza no nace en una conferencia de prensa ni en una estadística nacional.
Se construye cuando un comerciante abre su negocio sin temor a ser extorsionado; cuando un municipio reduce el tiempo para abrir una empresa; cuando una universidad participa en programas de prevención; cuando la sociedad denuncia y encuentra instituciones que responden; cuando empresarios y autoridades recuperan juntos un parque, un mercado o una calle.
Las grandes transformaciones nacionales comienzan con miles de pequeñas acciones locales.
Esa es la principal fortaleza de CONCANACO SERVYTUR: construir acuerdos desde las bases, donde vive la economía cotidiana y donde millones de familias generan empleo todos los días.
La seguridad debe entenderse también como una política de competitividad.
Donde existe confianza llegan las inversiones, crece el turismo, se fortalecen las cadenas de suministro y aumentan las oportunidades. Donde prevalece el miedo ocurre exactamente lo contrario.
Los resultados de la ENSU invitan a un optimismo responsable. México muestra avances que deben reconocerse, pero también evidencia que el verdadero desafío no consiste únicamente en disminuir los indicadores del delito.
El reto es reconstruir la confianza.
Porque la prosperidad no comienza cuando baja una estadística.
Comienza cuando una madre deja salir tranquila a sus hijos, cuando un comerciante invierte sin miedo, cuando un emprendedor decide abrir un negocio y cuando una comunidad vuelve a apropiarse de sus calles.
Las cifras pueden anunciar el cambio.
La confianza es la que lo convierte en desarrollo.
Y esa confianza solo será duradera cuando entendamos que la seguridad, la justicia económica y la prosperidad no son responsabilidad exclusiva del gobierno ni del sector privado, sino una tarea compartida que se construye todos los días desde el territorio.
Ese es el propósito de la Ruta del Pacto por la Prosperidad, la Justicia Económica y la Seguridad: demostrar que el verdadero desarrollo de México no se construye únicamente desde los grandes indicadores nacionales, sino municipio por municipio, comunidad por comunidad y negocio por negocio. Porque, antes que las cifras, siempre estará la confianza.

