

La inteligencia artificial suele presentarse como neutral. Procesa información y no conoce a quien está detrás de una tarea. Su impacto laboral sí tiene género, edad, territorio e ingreso. En México no afectará a todos con la misma intensidad.
En 2013, Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, de Oxford, analizaron 702 ocupaciones y estimaron que 47% del empleo estadounidense tenía alta susceptibilidad técnica a la computerización. No dijeron que ese porcentaje desaparecería. Andrés Oppenheimer retomó la advertencia en ¡Sálvese quien pueda! para mostrar que una licenciatura ya no garantiza inmunidad: médicos, abogados, periodistas, banqueros y docentes también verían transformadas sus tareas.
El panorama mexicano confirma que la exposición no es uniforme. Una estimación basada en la ENOE y en índices de la OIT identifica a 2.93 millones de trabajadores en ocupaciones altamente expuestas a la IA generativa. De ellos, 1.87 millones son mujeres y 1.06 millones hombres: 7.7% del empleo femenino frente a 3% del masculino. La explicación está en la estructura laboral. Muchas mujeres se concentran en labores administrativas, secretariales, contables, de recepción y procesamiento de información.
Los jóvenes enfrentan otra amenaza. México tiene 8.44 millones de ocupados entre 15 y 24 años; 68.7% está en la informalidad y sólo alrededor de 2.6 millones cuenta con empleo formal. Los puestos junior de oficina han servido para obtener experiencia, salario registrado y seguridad social. Si desaparecen sin rutas alternativas, la automatización no quitará únicamente una vacante: eliminará el primer peldaño de una carrera.
La capacidad de adaptarse también depende del lugar donde se vive. La OIT y el Banco Mundial estiman que entre 26% y 38% del empleo regional está expuesto a la IA generativa, pero advierten que la brecha digital puede impedir que millones de trabajadores aprovechen las ganancias de productividad. Tener computadora, conectividad, capacitación y tiempo para aprender define quién puede convertir la IA en aliada.
En los negocios familiares la transición es cercana. Sus dueños conocen por nombre a sus trabajadores, pero enfrentan mayores costos, Ley Silla, vacaciones dignas y una jornada que comenzará a reducirse en 2027. Necesitan tecnología para producir mejor, no para sustituir personas.
Una política neutral puede reproducir desigualdades antiguas. México requiere capacitación dirigida a mujeres y jóvenes, prácticas remuneradas, conectividad y apoyo a pequeños empleadores. El algoritmo no decide por sí mismo quién queda atrás. Lo deciden las instituciones que determinan quién aprende, quién accede y quién recibe una primera oportunidad. Sí cuenta

