

De tocar desde niño y formar una banda con sus hermanos en Aguascalientes, a presentarse ante multitudes como guitarrista de Maná, Sergio Vallín ha construido una trayectoria marcada por la búsqueda constante, la disciplina y la capacidad de aprovechar las oportunidades. El músico, compositor y productor mexicano compartió estas experiencias durante un encuentro con estudiantes de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes.
Ante un aula llena, Vallín sostuvo una conversación cercana con los jóvenes, quienes le preguntaron sobre creatividad, composición, ejecución musical, manejo de los nervios, convivencia dentro de una banda y las decisiones que han marcado su carrera.
El guitarrista recordó especialmente sus raíces en Aguascalientes, ciudad a la que llegó a los 13 años y donde desarrolló una parte fundamental de su formación musical. Desde pequeño comenzó a tocar guitarra de manera autodidacta y posteriormente integró con sus hermanos y amigos el grupo Wando, experiencia que definió como una etapa en la que comenzó a crecer como compositor y guitarrista.
Uno de los momentos más significativos de la charla surgió al recordar cómo llegó a Maná. Vallín contó que un casete con música que había grabado llegó a manos de Fher Olvera. La primera impresión fue que su estilo no correspondía al sonido de la agrupación; sin embargo, una conversación posterior permitió que conocieran la diversidad de su formación, que incluía desde tríos, cumbias y música mexicana hasta rock y otros géneros. “Nunca sabes”, reflexionó al explicar cómo aprendizajes que en su momento parecían no estar conectados terminaron abriéndole una de las mayores oportunidades de su carrera.
Precisamente, Vallín invitó a los universitarios a mantenerse atentos a las oportunidades y, sobre todo, a atreverse a intentarlo. Señaló que una oportunidad no necesariamente conduce de inmediato al éxito, incluso una experiencia difícil puede convertirse en el paso hacia algo distinto. Para reconocer esos momentos, recomendó mantener “los ojos bien abiertos” y escuchar también la intuición.
Sobre la creatividad, aseguró que los bloqueos forman parte natural del proceso. En lugar de forzar una idea, aconsejó darle tiempo, experimentar y aceptar el error. “La música es como un río, tiene que fluir. Si no fluye, no pasa nada, ya vendrá”, expresó.
También habló de una lección adquirida después de décadas como guitarrista: la técnica debe estar al servicio de la emoción. Al recordar sus primeros años en Maná, explicó que aprendió a tocar menos notas y a buscar que “cante la guitarra”, influido también por músicos como Carlos Santana, B.B. King y Eric Clapton. Para Vallín, cuando una interpretación nace de manera honesta, el público puede sentirla.
Al concluir el encuentro, dejó a los estudiantes una reflexión que trascendió la música. Comparó el crecimiento personal con un árbol cuyas raíces deben abrirse camino entre dificultades para sostener aquello que crece hacia arriba. Finalmente, afirmó que el arte no se limita a la música, la pintura o la danza y recordó que una persona que trabaja “con las manos, la mente y el corazón” puede convertirse en artista, independientemente de su profesión.
El encuentro cerró con la firma de una guitarra y fotografías con los asistentes, como recuerdo de una conversación en la que una trayectoria internacional encontró nuevamente un punto de conexión con Aguascalientes y con una nueva generación de jóvenes.

