

Mientras el mundo busca alternativas para reducir la contaminación por plásticos y la dependencia de los combustibles fósiles, una pregunta cobra cada vez más relevancia: ¿es posible fabricar materiales sustentables a partir de residuos orgánicos y reemplazar por completo al plástico convencional?
Para la Dra. Pia Berger, profesora investigadora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes, la respuesta es sí, aunque el desafío es mucho más complejo de lo que parece. La clave no está únicamente en crear nuevos materiales, sino en transformar la manera en que entendemos los residuos y la economía.
“Muchos de los materiales que hoy llamamos bioplásticos pueden sustituir al plástico convencional, pero depende de cómo se produzcan y de las condiciones en las que se utilicen. El reto principal es económico y tecnológico”, explica la investigadora.
Uno de los principales mitos es creer que todo bioplástico es automáticamente biodegradable. En realidad, existen materiales biobasados, que significa que son fabricados a partir de recursos biológicos, biodegradables o ambas cosas a la vez. Incluso algunos plásticos derivados del petróleo pueden degradarse bajo ciertas condiciones, mientras que algunos bioplásticos requieren instalaciones industriales especializadas para descomponerse.
La investigación que desarrolla la Universidad Panamericana apuesta por una alternativa distinta: convertir residuos orgánicos en materiales de alto valor agregado. Entre los proyectos más destacados se encuentra un bioplástico patentado elaborado a partir de cáscaras de naranja, un residuo que normalmente terminaría en la basura.
“Todos nuestros materiales son biobasados, biodegradables y no tóxicos. Si por alguna razón terminan en el medio ambiente, pueden integrarse nuevamente a los ciclos naturales sin representar un riesgo”, señala la Dra. Berger.
La propuesta se enmarca dentro de los principios de la economía circular, un modelo que busca eliminar el concepto de “basura”. Bajo esta visión, los residuos son recursos que se encuentran en el lugar equivocado y que pueden transformarse en nuevos productos.
Además del beneficio ambiental, esta estrategia representa una oportunidad económica para las empresas. Industrias dedicadas al procesamiento de frutas, jugos o productos agrícolas generan toneladas de residuos orgánicos que actualmente implican costos de manejo y disposición. Transformarlos en materias primas para nuevos materiales puede convertir un gasto en una fuente de ingresos.
“La basura orgánica tiene valor. Hoy muchas empresas pagan para deshacerse de ella, pero esos mismos residuos pueden convertirse en productos que mejoren su rentabilidad y reduzcan su impacto ambiental”, afirma la especialista.
Su investigación también se extiende al desarrollo de biocarbón, un biomaterial obtenido de residuos vegetales que puede utilizarse en agricultura, construcción e incluso en la mejora de suelos. Sus aplicaciones permiten reducir el uso de fertilizantes y fortalecer los cultivos, contribuyendo a sistemas productivos más sostenibles.
Para la Dra. Berger, el impulso hacia estos materiales no es una tendencia pasajera, sino una necesidad ineludible. “No hay alternativa. Necesitamos aire limpio, agua limpia y suelos sanos para producir alimentos. Debemos pensar en sistemas completos, trabajar juntos y acelerar la transición hacia una economía circular”, concluye.

