

Según la organización de las Naciones Unidas, para el año 2020, el 75% de los trabajos en el planeta requerirán conocimientos y habilidades STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Conforme la tecnología avanza a niveles y ritmos nunca antes vistos, la integración de la inteligencia artificial, sensores de alta precisión, robótica y electrónica son el siguiente e inevitable paso en los servicios médicos e industriales.
Noemí Márquez Fernández tiene 20 años y es alumna de sexto semestre de la Ingeniería Bioelectrónica de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes. Es una de las mujeres que trabaja por abrirse paso en este entorno, tradicionalmente dominado por varones. Si bien en la última década se ha triplicado la presencia femenina en el mundo STEM -en universidades e industrias-, aún queda mucho por hacer. Solamente el 35% de las mujeres que estudian universidad en el mundo optan por la ciencia.
Noemí tiene un pie en la puerta de una revolución global. La bioelectrónica es un campo interdisciplinario que combina la electrónica y la biología para desarrollar dispositivos y tecnologías que interactúan con sistemas biológicos. El mercado internacional se muestra interesado en tecnologías de asistencia médica, procesamiento digital de bioseñales, bioinstrumentación, biomecánica, bioinformática y robótica médica. La necesidad es latente y la explosión, inminente.
¿Qué veremos en los próximos años?
La biotecnología es una ciencia en constante adaptación. Algunas de las tendencias que asoman en el horizonte son:
Ciencia al servicio del hombre.
En cada época nacen nuevos temores ante la ciencia y la tecnología, y el campo de la bioelectrónica no es la excepción. Conforme crecen las capacidades tecnológicas, aumenta el miedo de que el área de la medicina pueda verse invadida o sobrepasada por las nuevas tecnologías, perdiendo en el proceso el tacto o el contacto humano.
Por el contrario, la tendencia es precisamente la opuesta. Ante una crisis global de médicos profesionales en países desarrollados y en desarrollo (causada, entre otras cosas, por el aumento de la población y la demanda, desigualdades económicas y geográficas, aumento en los costos de mano de obra especializada, emigración de médicos y exceso en sus cargas laborales), el campo de la biotecnología abre la posibilidad a mejorar la atención primaria y de especialidad en tareas que permitan automatización y requieran precisión, permitiendo que los médicos mantengan su juramento hipocrático y su alto sentido humano con ayuda de la ciencia.
Ese es el futuro próximo que Noemí y la Universidad Panamericana -así como una extensa red global de investigadores- trabajan día a día para convertir en realidad.

