Empecemos por el teléfono, un dispositivo para
hablar con los demás. Para comprar un smartphone
tienes que pagar unos 200 dólares y, luego,
alrededor de 100 dólares mensuales (1200 al año)
para llamadas locales y de larga distancia, sin
contar el plan de datos y el correo de voz. En 1979,
un teléfono de teclas pegado a la pared de la cocina
costaba mucho menos, pero el servicio de llamadas
locales, por sí solo, representaba un desembolso
anual de 325 dólares, equivalentes a 1086 dólares de
2015: casi lo mismo que pagamos hoy. Además, en
1979, AT&T cobraba tarifas exorbitantes por minuto
de llamada de larga distancia. Así que tenías que
elegir entre no hablar con tu madre que vivía en
otro estado o pagar cientos de dólares adicionales
al año para tener ese privilegio. En 1979, las
llamadas internacionales costaban 1.34 dólares por
minuto (4.40 dólares de hoy), pero ahora cuestan
unos cuantos centavitos por minuto en Skype. Eso sí,
como la globalización aún no cuajaba en 1979, la
mayoría no tenía conocidos en otros países.