

Aunque ocurrió hace dos años y siete meses, la imagen de aquel sábado 1 de septiembre de 2012 está fresca. A las 11:17 de la mañana, entre vítores de la bancada del PRI y rechiflas de la oposición, usted llegó a la máxima tribuna de la nación. Saludó al presidente del Congreso, Jesús Murillo Karam, y dio un abrazo formal y breve a su antecesor, Felipe Calderón. Luego protagonizó el ritual que establece el artículo 87 de la Carta Magna. Con la banda presidencial en su pecho, expresó: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la república que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la unión. Y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”.

