

Activistas hacen un llamado a la ciudadanía y a las autoridades para no relajar la vigilancia ni el cuidado de la mezquitera de La Pona, luego de que el Ayuntamiento capitalino concretara la adquisición del predio. La bióloga y activista Martha Romo de la Rosa puntualizó que la compra de las tierras no representa el fin de la lucha por su preservación, ya que todavía existe un proceso administrativo pendiente por parte del gobierno local.
“Viene mucho trabajo por delante. Primero, que nos comprueben que ya está comprado el predio; después viene el plan de manejo, pero antes se necesita el estudio técnico justificativo, es decir, se necesita un trabajo intenso con gran cantidad de personas que deben saber sobre el tema. Para agilizarlo, necesitamos que sean los expertos quienes lo hagan” sugirió.
La especialista consideró poco probable que la totalidad de los trámites legales y ambientales concluyan en lo que resta del año 2026. Por este motivo, subrayó la necesidad de mantener el involucramiento activo que colectivos y ciudadanos han sostenido durante los últimos años, con el fin de evitar que continúen registrándose daños en la zona, tales como incendios provocados, tiro clandestino de escombros y otros delitos ambientales.
“Es necesario que haya apertura y participación de la ciudadanía, sobre todo para estar pendientes de ese espacio; vigilarlo, denunciar cuando veamos algo irregular, participar para que se mantenga mientras se organizan y mientras salen bien las cosas” recomendó.
Durante su participación en el foro Helikon, llevado a cabo en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) con la ponencia “Reflexiones ambientales, ¿Qué está pasando?”, la activista realizó un balance sobre más de tres décadas de trayectoria en la defensa ecológica de la entidad.
En este espacio, denunció abiertamente la carencia tanto de educadores ambientales como de infraestructura dedicada a esta materia en el estado. Como reflejo de este rezago, detalló que en los últimos años Aguascalientes sufrió una reducción drástica en sus centros de formación, pasando de tener ocho espacios de educación ambiental a conservar únicamente cuatro.
Asimismo, lamentó que la rápida expansión de la mancha urbana, impulsada por la presión de los desarrollos inmobiliarios, esté absorbiendo y destruyendo de manera acelerada las áreas naturales ubicadas en las periferias de la ciudad, zonas que suelen ser ignoradas tanto por la población en general como por las autoridades competentes.
“Hay muchas ‘Ponas’ alrededor de Aguascalientes que ni siquiera nos damos cuenta que ya no existen o que están siendo derribados para fraccionar” señaló.
Finalmente, Romo de la Rosa extendió un llamado urgente a fomentar la educación ambiental en las próximas generaciones, enfatizando que esta formación no debe limitarse únicamente al ámbito escolar, sino que debe arraigarse desde los círculos familiares y sociales para construir una verdadera cultura de preservación comunitaria.

